Casa El Vergel

Casa de la Hacienda El Vergel

 

Por Acuerdo 053 de 1998 del Honorable Concejo Municipal esta edificación se declaró como Área de Interés Arquitectónico e Histórico. Además declarado como uno de los Bienes de Interés Cultural de Ibagué bajo la Ley 1185 de 2008 .





 
En contraste con la precariedad de la arquitectura urbana, en las grandes haciendas cercanas a la ciudad, aparecían grandes casas, en las cuales se reflejaba el carácter terrateniente de los ricos de la ciudad, quienes se negaron durante mucho tiempo a habitar el casco urbano de una manera permanente.

Isaac Farwell Holton, teólogo, profesor de química e historia natural en Middlebury College en Vermont, Estados Unidos, en su obra: "New Granada: Twenty months in the Andes" (
La Nueva Granada: Veinte meses en los Andes) relata su viaje por Colombia entre el 21 de agosto de 1852 y el 11 mayo de 1854. Publicación en 1857. Obra de gran importancia pues contiene información sobre botánica, costumbres de los habitantes, vida material y geografía sobre varias ciudades del país. En 34 capítulos, describe también las vías de comunicación, las características principales de las ciudades y pueblos visitados, las instituciones políticas, las costumbres religiosas, entre otros temas. Su visión de Nueva Granada es un poco pesimista, pero muy positiva y optimista al terminar su texto.


En su tránsito por la ciudad a mediados del siglo XIX, Holton describía así la vivienda que habitó en la ciudad: (traducido del inglés)


“ Me creí amo de una casa grande y desierta. En un conjunto de tres habitaciones pequeñas, encontré una cama de construcción habitual: una piel de buey estirada en un armazón de madera, igual a un tambor. Este era todo el mobiliario. El cuarto del centro tenía puerta y los otros ventanas iguales a las puertas que diferían de las puertas solo por tener una rejilla para que nadie pudiera entrar. Aquí puse mi equipaje y colgué mi hamaca en el salón. Me acosté, convencido de que era el único residente de la casa dejando las puertas abiertas para Roque. En la noche escuché pisoteos y y sonidos metálicos como si un fantasma estuviera arrastrando sus cadenas. No era un fantasma, sino un hombre que llegaba del campo y se dirigía al apartamento contiguo y a cada paso sonaban las espuelas.
La luz del día mostró que algunas habitaciones se usaban como carpintería y otras por la propietaria (que tenía una tienda de comestibles) para preparar chocolate, hornear pan, etc. Dos o tres cerdos entraban por la puerta principal hacia el patio de atrás cuando les complacía; el zaguán servía de establo al caballo del visitante nocturno, y el animal gozaba de la misma libertad que tenían los cerdos para entrar y salir. Las gallinas salían volando por las ventanas de la sala cuando algo les llamaba la atención en la plaza. Es decir, reinaba la libertad, excepto para un gallo de pelea que estaba amarrado a una piedra en el patio.
Al lugar donde iba a comer también concurrían otras personas, 
por lo general solos. Eran jóvenes, empleados en oficinas en la ciudad."
 

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